¡andar
la
luna!
en
el Mar de la Tranquilidad, en el Océano
de
las Tormentas,
en
Fra Mauro,
en
la Rima Hadley,
en
las Llanuras de Descartes, en el Valle
de
Taurus-Littrow,
bajaron
de sus Apolos
numerados
doce
astronautas,
paseaban y recogían
pedacitos
de luna,
tantos que,
para que la nave pudiera auparse
luego,
antes de
entrarse en ella tenían que soltar lastre, y se quitaban
las botas
los doce pares
de zapatones, dejados aquí
y allá,
muy
estropeados por las temperaturas
contradictorias,
hacen,
con otros
trastos,
la basura
lunar
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