comieron del Árbol de la Ciencia, y
aprendieron mucho, eso,
eso,
y
Yahvéh los echó del jardín del Edén,
y
puso de porteros querubines,
y
una espada de fuego,
que
ningún hombre pudiese entrar y comer
también
del
Árbol de la Vida
(Génesis, III)
era
la tarde del viernes
segundo
del
mundo,
y
llovía,
y
en el barro
nuevo
de
la puerta del huerto
permanecerán,
hasta la
Segunda Venida del Cristo,
las
huellas
pijas
de los botines
Donatelli de Adán,
de
las sandalias de tacón Georgia Rose
de Eva,
los
calzados que los marcan, para siempre,
desde su caída
(desde que nos perdieron), como chico
y
chica
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