Laetoli

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domingo, 26 de enero de 2014

Elías aupado



el romero debe andar sus jornadas, salir

        de Guilgal, al norte de Betel,

        seguir hacia Jericó,

        buscar el Jordán,

        cruzarlo

        luego



        en el barro antiguo,

quemado,

de la otra orilla

encontrará las huellas de las pezuñas de los caballos

terribles,

        el roderón del carro maravilloso que subió a Elías a los cielos,

        la sombra del manto que recogió Eliseo, la estela

de las dos partes poderosísimas de su espíritu (las heredaba

también

su pupilo,

        su mayor)[1]



       






[1] 2 Reyes, II, 1 – 14.


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